Recuerdos de los mundiales: Brasil, el mejor seleccionado de 1982

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«Tal vez no lleguemos a ser los campeones, pero nuestro equipo ya es el mejor de este Mundial». Sócrates sabía todo. Sabía que el resultado de un partido no cambia nada, que lo que importa es la forma de jugar, las intenciones que se muestran. El Doctor dijo esta frase varios días antes de que la Selección de Brasil quedara eliminada de la Copa del Mundo de España 1982 y pese a esto pasará a la historia como uno de los mejores equipos de todos los tiempos.

Austria en 1934, Hungría en 1954 y Holanda en 1974 fueron las mejores Selecciones de cada campenato, sin embargo, no pudieron levantar el trofeo. Ese tropiezo en la final no les quitó méritos y se convirtieron en leyenda aún en la derrota. Lo mismo sucedió con este Brasil que deslumbró a todos en España pero claudicó frente a Italia y tuvo que regresar a casa mucho antes de lo esperado.

 

Telé Santana fue un verdadero revolucionario. En una época en la que los entrenadores cada vez se preocupaban más por cuidar su arco que por atacar el rival, Telé formó un equipo que reunió a Leandro, Junior, Eder, Sócrates, Falcao, Toninho Cerezo y Zico. Sí, siete futbolistas dúctiles, finos, inteligentes, extraordinarios. Este Brasil demostró que los buenos jugadores siempre pueden jugar juntos sin hay un sistema solidario que los cobije. El arquero Valdir Péres, los centrales Oscar y Luizinho y el centrodelantero Serginho completaban el once de la Verdeamarela.

 

El Fio de Esperança llegó al combinado nacional en 1980, tras la salida de Claudio Coutinho. Venía de realizar una buena campaña con Palmeiras y ya tenía una larga experiencia como DT en la Liga brasileña. Lo primero que hizo cuando arribó fue afirmar que con él iban a jugar siempre «los mejores». En sus primeros partidos fue consecuente con esa idea y alineó como titulares a Zico, Falcao, Socrates y Toninho Cerezo. Ese cuadrado fue la usina de fútbol del maravilloso conjunto de España 82.

 

En 1981 Brasil realizó una gira por Europa en la que paseó su fútbol de altísimo vuelo. Derrotó a Inglaterra en Wembley, a la Francia de Michel Platini y a la campeona de Europa, Alemania Federal. Después de esos partidos se ganó el mote de principal candidato a dar la vuelta olímpica en el Mundial de España. Si mantenía el nivel y no pasaba nada raro, levantaría la Copa en el estadio Santiago Bernabéu. Pero pasó algo raro, claro está.

 

Aunque Zico era el máximo referente futbolístico de este conjunto por su personalidad y su forma de jugar, el verdadero líder espiritual de Brasil era Sócrates. No sólo por lo que significaba dentro del campo, sino por sus principios fuera del mismo. Si Santana era un revolucionario por su filosofía futbolera, el Doctor lo era por sus ideales. Creó la maravillosa «democracia corinthiana» y demostró que los futbolistas pueden transmitir conceptos saludables con sólo proponérselo.

 

El Scratch fue una maravilla en todos los partidos del Mundial. El cuadrado mágico de Zico, Falcao, Socrates y Toninho Cerezo brilló como de costumbre y fue la principal virtud del equipo. Versatilidad, belleza, estética y movilidad. Esas eran las principales características de un mediocampo tan imprevisible como inolvidable. En los laterales se desempeñaron Leandro y Junior, dos jugadores con vocación ofensiva que se asociaban con gran criterio a los generadores de juego. El centrodelantera era Serginho. quizás el punto más bajo del conjunto, ya que no tenía el talento de sus compañeros pero sí hacía un trabajo sucio importante.

 

«Solo tengo envidia de la pelota, que si fuese una sola en los siete partidos del Brasil, saldría de la Copa diplomada en fútbol». Una maravilla de Telé Santana para definir mejor que nadie lo que fue su equipo en esta Copa del Mundo.

 

Debutó con un buen triunfo 2-1 sobre el siempre complicado equipo de Unión Soviética y luego goleó 4-1 a Escocia y 4-0 a Nueva Zelanda para coronar una primera fase lujosa. En la segunda rueda derrotó con claridad a la Argentina de Diego Maradona -quien, impotente, se fue expulsado- y sufrió su única caída frente a Italia, que contó con un Paolo Rossi pletórico en aquel partidazo disputado en el Estadio de Sarriá. «Solo tengo envidia de la pelota, que si fuese una sola en los siete partidos del Brasil, saldría de la Copa diplomada en fútbol». Una maravilla de Telé Santana para definir mejor que nadie lo que fue su equipo en esta Copa del Mundo.

 

Ese último encuentro fue denominado «la tragedia de Sarriá», porque el mundo entero esperaba una clara victoria brasileña frente a una Selección en alza pero que sólo había ganado un partido en todo el Mundial. «A Italia le queda una sola esperanza: que en el Mundial de las sorpresas haya todavía lugar para poner la zancadilla a Brasil», así presentaban los diarios italianos el choque que iba a definir a uno de los semifinalistas. Sin embargo, pese a las diferencias futbolísticas que se presentaban en la previa, la Azzurra mostró personalidad, carácter y buen juego para, con tres goles de Rossi, eliminar a la mejor Selección de la Copa del Mundo.

 

«Brasil era una selección increíble, especialmente en el mediocampo, pero su defensa dejaba un poco que desear. Estábamos en un magnífico momento de forma y lo aprovechamos», declaró Giuseppe Bergomi tras el triunfo. Por su parte, Antonio Cabrini afirmó: «El partido contra Brasil fue un choque contra un gran equipo en el que, quizás, nosotros supimos sacar provecho de la arrogancia de los brasileños, de que nos consideraran inferiores a ellos. Cuando finalmente se dieron cuenta de que el partido no transcurría como ellos esperaban, ya era demasiado tarde. Creo que fueron víctimas del exceso de confianza. Se despreocuparon pensando que eran mejores y que podrían ganarnos sin esfuerzo».

 

Tras la eliminación, Santana afirmó: «Si tuviese que hacer todo de nuevo, repetiría los mismos métodos. Pero es lógico que una derrota como esta obliga a la gente a reformular un poco. Pero manteniéndome fiel a mi estilo y a mis principios. Defiendo con intransigencia el fútbol-arte. No acepto la violencia bajo ningún pretexto. No me digan que Brasil precisaba jugar mas duro contra Italia. Al final, lo que sucedió fue increíble. Un día de azar en el que nada dio cierto. Tuvimos errores individuales que fueron fatales. Tengo mi culpa en el todo. Pero yo y los jugadores siempre conversamos frente a frente, con sinceridad. Por eso, me siento libre para decir que el equipo se equivocó individualmente. Aunque no lo diga, todos vieron, por ejemplo, que en el segundo gol de los italianos Cerezo dio la pelota al pié del adversario. No estoy quitando mi culpa. También me equivoqué, todos nos equivocamos, sin duda».

 

«¿Perdimos? Mala suerte y peor para el fútbol», dijo el extraordinario Sócrates después de la eliminación de Brasil. Puede parecer presumido o arrogante, pero no es más que la cruda verdad. Porque encierra varias cuestiones: la primera, que el resultado no es tan relevante como parece. La segunda, que quizás lo peor de la derrota es algo mucho más simple que el hecho de quedarse sin el trofeo, algo casi infantil: lo peor de todo es que ya no se puede jugar. Y tercero, que el que más sufrió la ausencia de Brasil es el propio campeonato, que perdió demasiado rápido al equipo que mejor entiende este juego, al que volvió a convertir a este super competitivo deporte en un simple juego.

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