La guerra mercenaria: contrato para hacer terrorismo

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La guerra mercenaria: contrato para hacer terrorismo

(Noticias Kikiriki).- Habíamos dicho que la falsa Guerra Contra el Terrorismo de Estados Unidos llegó a su fin.

En efecto, el fenómeno se expresa novedoso porque el gobierno imperialista de ese país se asoció desde hace algunos años, a escala internacional, ya no doméstica en la América Latina, donde siempre lo ha hecho, con organizaciones mercenarias de claro sello terrorista como subsidiarias del neonazismo en Europa y el barbarismo en el Medio Oriente, para derrocar gobiernos extranjeros mediante contratos de trabajo que violan las leyes internacionales, inmorales y claramente terroristas.

Los más recientes ocupantes de la Casa Blanca, obedientes no a su pueblo, sino a sus jefes ideológicos y económicos, la plutocracia capitalista que financia sus campañas electorales multimillonarias, se dejaron de apariencias democráticas y de taparrabos morales, y claramente declaran su apoyo, financiamiento y aprovisionamiento militar a grupos mercenarios que se adornan del nombre de “rebeldes” (cuando en realidad son “reverdes” por la cantidad de millones de dólares que reciben), tanto en Siria como en la conflictiva Ucrania, sin dejar atrás a Venezuela.

Los primeros indicios
En su conquista y destrucción de Irak para derrocar a Sadam Husseín, el fenómeno tomó cuerpo con la contratación de empresas en apariencia del propio vicepresidente de Estados Unidos y otros asesinos de cuello blanco, como Black Water, que en realidad pusieron a Estados Unidos en las aguas negras de la política internacional, por los horrendos crímenes cometidos (daños colaterales, dicen sus cómplices) a cambio de contratos de trabajo que desde entonces se pusieron de moda.

La llamada opinión pública norteamericana parece que prefirió tales barbaridades de la guerra injusta lejos de sus fronteras, antes de los costos humanos de sus propias tropas (trucos de la propaganda).

Libia, experimento exitoso
Luego vino la guerra y conquista de Libia para derrocar a Kadafi, patriarca que mantuvo unido y satisfecho a su país tribal por muchos años, y ese conflicto bélico ya fue claro indicio de los nuevos tiempos de la política internacional del imperialismo: contrato y aprovisionamiento de grupos terroristas cuyo signo no importa, pero que estén dispuestos a obedecer órdenes del alto mando militar norteamericano y de la CIA.

El perfil de las organizaciones terroristas comienza a transformarse en empresas de elevadas ganancias (cada muerto, un precio, cada acción vandálica una recompensa mayor).

La barbarie sin disfraces
De ese modo, cual marionetas dirigidas desde el Pentágono y las estaciones de la CIA en Europa, pero con libertad de acción para buscar sus premios complementarios, las bandas de malhechores transformados por la propaganda (léase guerra mediática) en “rebeldes” venidos desde las más lejanas tierras en busca de fortuna, cometieron los más bárbaros crímenes de guerra y los siguen cometiendo en Libia.

Esto último afectó al propio patrón cuando una de esas bandas le cobró con la vida al embajador gringo y a sus empleados un reclamo cuidadosamente ocultado por la propaganda (no podemos hablar de la prensa que dejó de existir, para convertirse en maquinaria de ventas), oscuro incidente en esa guerra de bandidos cuyo objetivo real fue la apropiación del petróleo libio por uno o varios de los consorcios del Norte.

Crimen sin castigo
En efecto, el incendio intencional del consulado norteamericano de Bengazhi, para matar a los representantes diplomáticos (de la CIA) en Libia fue una venganza de los contratados a los contratistas, a la cual le echaron tierrita rápidamente los propios afectados por el incidente.
Por algo habrá sido. No hay límites éticos en tales tratos. Y su lenguaje no es, evidentemente, el diplomático.

Prioridades impuestas
Todos los millones imaginables que se invierten (sí, se invierten) en las guerras de conquista modernas tienen mayor prioridad para Estados Unidos que las demandas de los 40 millones de norteamericanos carentes de seguro social y de sus 56 millones de pobres que viven de la caridad estatal y pública.

Es una inversión para que las directas beneficiadas (las grandes corporaciones petroleras, comerciales y bancarias de Estados Unidos, cuyos lobbys ponen y quitan gobiernos) satisfagan sus apetitos financieros imperiales, pues ellas trazan las líneas estratégicas de las guerras modernas, aunque éstas se parezcan mucho a las guerras bárbaras del lejano pasado y a las cruzadas disfrazadas de guerras santas.
Las ganancias y no la vida tienen prioridad. Así de simple.

Desvergonzado neonazismo
Lo de Ucrania pone de relieve el descarado giro hacia la esencia antidemocrática y agresiva, sin taparrabos, del Imperio, al financiar generosamente a las bandas neonazis que asesinan, con los originales métodos hitlerianos, a la población civil indefensa, acorralándola y quemándola viva o matándola en gavilla, como en los mejores tiempos del fascismo, que hoy reivindican sin vergüenza alguna Obama, Kerry y sus secuaces de la Unión Europea, simples meretrices de la prostitución política por dinero, bajo el manto del poder militar imperial que se extiende hacia el Este de Europa.

En Venezuela
¿Qué nos va a extrañar a los venezolanos tales prácticas neonazis, si las estamos viendo desde el 12 de febrero de 2014 en las llamadas guarimbas que se tragaron la sangre de 46 venezolanos y dejaron heridos y lesionados a cientos más, sin son ni ton, por darle el gusto a los contratantes, porque todos sus participantes han sido y serán mercenarios a sueldo de la mano peluda del Imperio?

El uso de francotiradores para asesinar a distancia y sobreseguro, no sólo a los guardias nacionales y policías, sino también a la carne de cañón que contratan para acusar de sus muertes al Gobierno Bolivariano, nunca antes se había visto en nuestro país, pero ahora es una práctica importada del neonazismo ucraniano y europeo, por instrucciones superiores.

Los paramilitares colombianos
A este respecto, resulta fácil traer de Colombia a los criminales que controla el ex presidente Álvaro Uribe desde hace décadas, porque él fue el creador del paramilitarismo que hace el trabajo sucio en la larga guerra colombiana, además de continuar en el ámbito del narcotráfico familiar, de viejo historial.

Por supuesto que Uribe es un viejo narcotraficante obediente al chantaje de la CIA, quien lo tiene en sus archivos con todo un expediente de delitos que ahora le sirven al Imperio para aplicar sus políticas contra Venezuela. Además, es notoria la participación de la CIA en el negocio de la drogas.

Los campamentos opositores
La moda de acampar en plazas y parques no es casual. Imita la práctica ucraniana de la plaza Maidán, donde fueron abaleados tanto policías y partidarios de Yanukovich como muchos ingenuos opositores que se prestaron por dinero o gratis a poblar estos campamentos urbanos como forma de protesta aparentemente pacífica. Y allí los mataron.

No olvidemos que los odios inyectados por la propaganda mediática y reproducidos en las redes sociales insolentes son irracionales y salvajes. Exacerbarlos al máximo es el propósito del asesinato masivo de oponentes, que los impulsa a obedecer ciegamente las órdenes de sus organizadores, piezas de esta nueva maquinaria de la muerte inventada por los neonazis ucranianos.

Este capítulo de peligro no se ha cerrado. El enemigo imperial tiene los recursos para reproducir tragedias a escala mundial todavía. Debemos estar alerta todo el tiempo y derrotar sus maniobras criminales.

Fuente: Américo Díaz Núñez

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