Hablando de terrorismo internacional

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Hablando de terrorismo internacional

(Noticias Kikiriki).- El asesinato del gran emprendedor y osado revolucionario Eliécer Otaiza, carabobeño insigne por todo lo que hizo en su corta vida, ratificó lo que ha denunciado el presidente Nicolás Maduro y sabe toda persona medianamente enterada: Venezuela es víctima de una conspiración internacional de carácter terrorista, cuyo cordeles sueltos llevan derechito a Washington y Bogotá.

Ya uno de los banqueros de los crímenes callejeros cayó y cantó como un jilguero; dos narcotraficantes del vecino país y un norteamericano con las manos en la masa (armas, explosivos y dinero), detenidos y enjuiciados, son pruebas irrefutables de las implicaciones políticas de clara intervención extranjera en la conspiración.

El sello paramilitar
Por si faltara una evidencia más, la cruel tortura a que fue sometido Otaiza antes de morir de cuatro disparos, es la más clara señal de los métodos utilizados por las bandas “comunes” paramilitares colombianas contra sus inermes víctimas.

No hay problema en darle la razón a los medios cómplices del terrorismo: se trata de un crimen cometido por el hampa común que, para robarse un vehículo, arrastra a su dueño amarrado al parachoques, le queman los ojos con cigarrillos encendidos, le desfiguran la cara y el cuerpo, y de paso lanzan el vehículo “robado” a una cuneta.
Les salió muy acertada su coartada a los paramilitares colombianos o venezolanos, que hacen todo eso para robar a alguien en una madrugada solitaria en territorio plagado de peligrosos delincuentes, tal vez amparados por ciertas policías municipales de alcaldías opositoras.

Operación Marabunda
Los nombres de las acciones golpistas pueden ser criollos (guarimbas, hormigas asesinas, etc.), pero el sello principal del golpe frustrado fue hacerlo coincidir con la revuelta fascista de Ucrania, que costó nada menos que cinco mil billones de dólares al gobierno norteamericano (dicho por sus voceros), para dar la sensación mundial de quien manda y decide el destino de los pueblos subalternos (según la teoría racista que tiene a Obama como gendarme, vaya contraste).

Si eso no prueba el carácter nada venezolano de la planificación del golpe, habrá que admitir que nuestra dirigencia opositora extremista es también extremadamente internacionalista o copiona de lo ajeno, eso no le falta, pero no tiene capacidad para actuar coordinadamente en Ucrania.

El bendito manual
Tales métodos aparecen en los manuales de los golpes de nuevo tipo (de suave no tienen nada), con su carga de artificiales protestas y de inocentes manifestaciones estudiantiles sin objetivos educativos (sino todo lo contrario).
Pero con las muertes violentas de personas de ambos bandos (por cierto, en ninguna parte tuvieron verdaderos contrincantes porque el pueblo no los complació en tales provocaciones, y los cuerpos de seguridad sólo abrían vías obstruidas), todo indica que la aplicación de esos manuales sólo funcionó en su fase provocadora, y bastante daños causó, tanto humanos como materiales, sin lograr el objetivo deseado de una guerra civil y una conflagración callejera de largo alcance.

Incompetentes
La parte militar también estaba prevista, pero tampoco funcionó. Si el “New York Times” titulara de nuevo (remember 2002) en negritas su palabra favorita frente a los malos mandados hechos al Tío Sam en Venezuela: Incompetentes, repetiría como parodia o tragedia lo que ocurrió en la sangrienta payasada de Carmona y sus vitoriadores del Salón Ayacucho de Miraflores hace 12 años.
Triste realidad para los torpes.

Les volvió a fallar el golpe, con el agravante de que la gracia de ahora les deja clavadas torcidas agujas envenenadas en sus traseros a los dos bandos opositores que, dadas las circunstancias adversas, no coinciden en la locura de seguir causándose daño a sí mismos para complacer al amo del Norte, a quien le importa un bledo los resultados del desastre político-electoral que deberá afrontar en el futuro la oposición que ya tiene nombre registrado: electorera.

Este cuento no termina
Sin embargo, el epílogo de esta historia de terror no termina todavía. Quedan recursos y ganas de seguir destruyendo y asesinando venezolanos, con la esperanza de continuar construyendo el rompecabezas del golpe prolongado al infinito.

¿Por qué? Porque la conspiración es internacional y afuera trabajan con esquemas y órdenes, no con la razón y mediante un riguroso análisis o examen de daños auto-ocasionados a una oposición dividida social y orgánicamente, para colmo en manos de la peor excrecencia producida por una guerra de clases de medio siglo en el país vecino: Álvaro Uribe, quien dirige desde Bogotá y Cúcuta las operaciones de sus bien entrenados y armados paracos en la frontera, en Caracas y Maracaibo, si es que los más crueles asesinos del mundo no se han corrido al resto del país, con el apoyo generoso de los alcaldes opositores del golpismo subalterno.

Nueva era: nuevos objetivos
Estados Unidos, con lo que hace ahora en Ucrania, territorio conquistado mediante la fuerza del terrorismo internacional, clara y rotundamente reivindicado en su momento por altos funcionarios oficiales y cómplices de la UE, en la Plaza Maidán de Kiev, da por su cerrada su guerra “contra” el terrorismo (tan controvertida que, con sólo mirar en el mapa la Base Terrorista de Guantánamo en Cuba, se puede entender de qué se trata).

Ahora se propone centrar sus esfuerzos en “contener” la brava competencia comercial de China, que él mismo estimuló con su apoyo al ingreso de Beijing a la Organización Internacional del Comercio hace unos años.
Para mal disimular la nueva aventura, Obama busca complicidades en Japón, Corea, Malasia, Indonesia y hasta en Vietnam (se duda que se presten para la sucia jugada en el heroico país de Ho Chi Minh) para cercar la economía china que desplazó al comercio gringo.

Refuerzos militares acompañan esta nueva odisea torcida.Tanta la anterior guerra antiterrorista como la actual ofensiva antichina son gajes de un viejo oficio de producir más ganancias para las grandes corporaciones imperialistas, que son las que han mandado y mandan en la cuna del sueño americano, hecho polvo con Obama, un soñador insomne con tantos barullos y promesas incumplidas a su propio pueblo y al mundo.

Volviendo a Ucrania
El 2 de mayo, el gobierno títere de Ucrania cumple los acuerdos de Ginebra del 17 de abril de 2014 cercando las ciudades rebeldes al golpe de Estado en Kiev y abriendo fuego contra las milicias populares, una forma de diálogo bastante novedosa.

Es decir, en vez de desarmar a los fuertes grupos neonazis en Kiev, como se acordó en Ginebra, y sacarlos de las instituciones ocupadas a la fuerza por ellos, los golpistas que ahora gobiernan califican de “terroristas” justamente a quienes se oponen al terrorismo desde el sureste del país y piden federalización para garantizar sus derechos y elegir sus propios gobiernos regionales de manera democrática.

John Biden, vicepresidente gringo que hace las veces de procónsul del Imperio en Kiev, sin levantar los ojos de las instrucciones que dictaba, babea promesas de apoyo fiel y deseos de seguir unidos a las hienas que ahora mandan en Ucrania. Y lo sentaron en la silla del presidente títere, para que no quede duda de quien manda allí.
Todo allí ahora es servil obediencia al amo imperial que cree haber triunfado. Veremos.

Fuente: Américo Díaz Nuñez

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