Por: Guillermo Linero
En medio del trauma y la incertidumbre que todos sentimos tras la cobarde agresión a nuestro suelo Patrio, hemos observado cómo la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez, está escribiendo un nuevo capítulo para nuestra política. Y no lo hace con grandilocuentes discursos, sino con el gesto más humano y universal que existe: el apretón de manos.
Su decisión de extender su mano derecha, de manera firme y directa, a todos los sectores de este país desde nuestra Fuerza Armada hasta representantes de partidos con los que hemos disentido es un acto de una sabiduría política profunda. Nos remonta al significado milenario de este gesto: mostrar que se viene en paz, sin armas, pero con la fortaleza de quien busca un acuerdo verdadero y entendimiento. Es precisamente el mensaje que los venezolanos necesitamos ver materializado.
En un momento donde hemos sentido la rabia y la tentación del rencor, la Presidenta Rodríguez nos da una lección de Estado. Vemos en sus actos tres pilares:
1. Unidad Nacional: Cuando vemos estrechar su mano con la de un opositor o un agresor, yo no veo claudicación. Veo la grandeza de entender que, ante el enemigo externo, nuestra soberanía es una e indivisible. Es un llamado que resuena en mí: ha llegado la hora de un armisticio interno para defender lo esencial, que es Venezuela.
2. Fortalecimiento Institucional: Cada apretón de manos que brinda a magistrados, gobernadores y alcaldes de distintos colores políticos, yo lo interpreto como un acto poderosísimo. Nos indica el Estado de Derecho y nuestra Constitución no han caído. Es el «pacto» moderno que sella que el país continúa, por encima de todo.
3. Legitimidad y Confianza: En el mundo, un apretón sella un trato. la Presidenta está cerrando el trato más importante: con la Nación. Su liderazgo, su compromiso, desde mi punto de vista, es total. Está generando la confianza necesaria para la gran batalla: la campaña global para traer de vuelta a nuestro Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, y a la compañera Cilia Flores.
Por eso esto no es un gesto de debilidad. Es un gesto de fuerza magnánima. Mientras USA nos mostró su puño de hierro, la presidenta nos recuerda que la verdadera fortaleza a veces reside en mostrar la palma abierta al propio compatriota. Es la «unidad, lucha, batalla y victoria» hecha acción.
Al hacer esto, ella está desarmando simbólicamente las divisiones que el enemigo quiso y quiere explotar y está forjando un frente único. Aprendamos de esta lección: la mano que se estrecha para la paz interior es la misma que convertida en el puño unido de todo un pueblo, será imparable para exigir justicia en el mundo.
La consigna es clara: Con la mano tendida de Delcy uniendo lo que estaba fragmentado, y con el puño en alto junto al de millones, exigiendo a los cuatro vientos, ¡vamos a traer a Maduro y a Cilia de vuelta a la Patria!

